lunes, 24 de septiembre de 2012

"DEDÍQUESE TIEMPO: USTED SE LOMERECE" (Publicado en "Voces de Cuenca" el 24-9-2012)

24/09/2012 - PSICOLOGÍA Dedíquese tiempo: usted se lo merece Es fundamental que el paciente entienda que la clave para resolver sus problemas ha de tener como punto de partida “su propio estado de salud psicológica” Por Francisco Javier Sánchez. Psicólogo En alguna ocasión anterior he descrito que es normal cuando al realizar el primer contacto en consulta con el paciente que éste venga avasallado por multitud de problemas familiares, personales, de pareja, laborales que le tienen martirizado y paralizado, encontrándose en un “callejón sin salida” y solicitando una posible solución para todos ellos. Cuando pregunto al paciente: ¿Qué hace usted por cuidarse? ¿Cuánto tiempo se dedica al día? ¿Cuánto tiempo lleva sin disfrutar de cosas sencillas pero que le proporcionaban en otros instantes momentos de felicidad?, generalmente éste me dice: “Disculpe, yo no he venido para hablar de eso, he venido porque tengo un montón de problemas externos y no sé como enfrentarme a ellos. Intentamos retomar el camino de la terapia centrándonos en las preguntas anteriores, porque es fundamental que el paciente entienda que la clave para resolver sus problemas ha de tener como punto de partida “su propio estado de salud psicológica”, y esta idea irá creciendo y haciéndose fundamental en las sesiones posteriores. Es decirle al paciente (en un proceso que adquiere su propio ritmo): “Si usted en primera instancia, se dedica tiempo se cuida, cubre sus necesidades y disfruta también dedicando tiempo a aquellas “pequeñas cosas” con las que antes disfrutaba, tendrá muchas posibilidades de resolver adecuadamente todo aquello que le atormenta”. Frente a las prisas desbordantes del paciente por cumplir todas las “exigencias” que circulan en su mente, lo más adecuado es detenernos y comenzar por donde es conveniente: “por el principio”, y el principio y base para que el tratamiento resulte eficaz es interiorizar la creencia siguiente: “El cuidarme y dedicarme tiempo no hace de mí una persona egoísta, sino una persona inteligente emocionalmente que tiene que dedicarse tiempo para estar en condiciones óptimas a la hora de afrontar los problemas que me atosigan”. Un ejercicio que se suele proponer en algunas terapias es precisamente éste: iniciar actividades de ocio y tiempo libre durante por ejemplo no más de media hora al día o dos horas a lo largo de una semana repartidas en dos veces. Lo contraproducente es que mientras hacemos estas actividades continuemos dando vueltas a aquello que “deberíamos estar haciendo o que vamos a hacer” nada más salir del gimnasio (por ejemplo). ¿De qué nos sirve entonces intentar relajarnos? La clave a la hora de “enganchar” al paciente en estas actividades sencillas es proponerle actividades que le supongan poco coste emocional y físico. Es una forma de “disminuir su grado de autoexigencia” que probablemente también se generalizará a las actividades distractoras. Fundamental es igualmente que el paciente esté convencido del “merecimiento” de esas actividades. Es “volverse egoísta emocionalmente” para poder enfrentarse adecuadamente a los problemas cotidianos o graves que le asalten. Si en este caso detectamos un problema de autoestima (déficit o inadecuación) realizaremos un programa de mejora de autoestima, haciéndole consciente de su valía personal. Cuídese, dedíquese tiempo, busque un espacio donde usted libere tensiones, se relaje, apacigüe sus pensamientos y consecuentemente sus emociones, libere adrenalina, no se autoimponga exigencias y obligaciones que en la mayoría de los casos sólo estarán en su mente. Usted se merece autocuidado psicológico para tener una vida más sana y saludable. Es la base para iniciar una forma adecuada de vivir con mejor calidad de vida emocional.

lunes, 17 de septiembre de 2012

"El maltrato psicológico enmascarado" (Publicado en "Voces de Cuenca" el 17-9-2012)

17/09/2012 - PSICOLOGÍA El maltrato psicológico enmascarado Quizás usted no hace todo lo que le gustaría en su vida (aún teniendo pareja), quizás usted se encuentra en un mundo previsible en el que la cautela debe presidir su vida y en la que no puede salirse de los parámetros marcados por "el otro" Por Francisco Javier Sánchez (Psicólogo) Según mi experiencia el maltrato psicológico en la pareja, se haya instaurado de múltiples formas. Con diferentes expresiones y de maneras distintas, me encuentro con parejas aparentemente “normalizadas” que, desgraciadamente, poco o nada suelen hacer para solucionar ese problema, que, de no “tratarse”, probablemente se convierta en un gravísimo y duro acontecimiento día tras día, del que costará salir muchísimo a la mujer maltratada. ¿A qué otras formas de maltrato psicológico “no oficiales”, “de libro”, me refiero y que suponen encontrarnos ante una relación de maltrato, poder o subordinación de ella ante él?: - Cuando ella debe pedirle permiso para saludar a un amigo al que la pareja ha visto en algún lugar. - Cuando ella no puede agregar sin el permiso de su pareja a nadie que él no conozca o no quiera que agregue (porque no le cae bien o porque supuestamente supone una amenaza para la relación). - Cuando ella no puede tomar un café con un amigo reciente o antiguo y él monta en cólera y se lo prohíbe o le chantajea con irse de casa (como adolescente inmaduro, carente de autoestima). - Cuando él jamás le deja salir con sus amigas, asistir a una cena, una despedida de soltera, ir a un concierto o estar una semana en casa de sus familiares. Nos encontramos más de lo mismo. - Cuando ella mira a otra persona y él se enfada terriblemente, porque, percibe que es una falta de respeto hacia él ( cuando realmente se trata de un problema de autoestima, que sólo él tiene). - Cuando él maneja el dinero de la casa y ella tiene que rendirle cuentas ante cada compra. - Cuando él se escuda en “todo lo que quiere a su mujer” para imponer sus normas y tenerla oprimida, reprimida, aislada del mundo o relacionada con el mismo en la medida que él considera oportuno. - Cuando él le controla las llamadas, los gastos y justifica que al trabajar está haciendo “todo lo que puede y más por la familia”. - Cuando él le prohíbe a ella ponerse determinada ropa porque considera que es una provocación. - Cuando encubre todas estas conductas con la justificación de que “ella le preocupa terriblemente y que la quiere con locura”. - Cuando la chantajea diciéndole que “si le quisiera de verdad” no le apetecería irse por ahí sin él. Cada una de estas formas de “privación de libertad” que él ejerce sobre ella, son como pequeños obstáculos que van oprimiendo, asfixiando a la pareja, que acaba por: - Intentar no decir o hacer nada que pueda molestar a su pareja. - Evitar discusiones para que él se encuentre tranquilo. - Mentirle. - Ocultarle información. - Resignarse y racionalizar la idea de que: “ningún hombre es perfecto y algo tiene que tener que no me guste” Vivir en definitiva una relación patológica en la que “no quiere al otro de la manera adecuada”. Se trata por tanto , de “sobrellevar” la situación para sufrir lo menos posible, algo que realmente me parece terrible. ¿Sufrir lo menos posible (evitando disputas) o ser lo más feliz y con la mayor intensidad que se pueda? Elijan ustedes. Si el lector mira a su alrededor, probablemente conozca a más de una pareja a la que le ocurre alguno de los puntos citados. Dichos puntos son como pequeñas bombas colocadas en lugares estratégicos que acaban finalmente por destruir la pareja o mantenerla “patológicamente”. Se hace mucho hincapié desde las instituciones para que se denuncie cualquier tipo de maltrato. Personalmente estoy de acuerdo con ello, pero también creo que no se puede alentar dicha conducta en la mujer, si luego ésta no goza de la suficiente garantía de protección frente a su pareja. Me refiero a una protección desde todas las áreas (económicas, sociales, legales, físicas). Muchas mujeres me han dicho llorando en la consulta que después de denunciar se han encontrado indefensas, desamparadas, que una cosa es lo que los políticos venden y otra los recursos reales sociales, económicos , institucionales, de protección con los que se encuentran. No lo digo yo, me lo cuentan las propias víctimas. Cuidado con estas “formas no oficiales” de maltrato. Quizás usted no hace todo lo que le gustaría en su vida (aún teniendo pareja), quizás usted se encuentra en un mundo previsible en el que la cautela debe presidir su vida y en la que no puede salirse de los parámetros marcados por “el otro”. Quizás usted evite, evite y evite para no molestar a su pareja. Dos personas se quieren plenamente cuando deciden compartir muchas cosas, estar juntas, pero también gozar de un determinado grado de libertad, espacio propio que cultive sus relaciones sociales, autoestima, actividades, hobbies, pensamientos, emociones, etc. Entonces quizás usted esté siendo víctima de un maltrato elegantemente disfrazado de amor. No lo permita, ponga en marcha un plan de acción y enfréntese como hemos dicho en múltiples ocasiones a lo que le ocurre. No justifique, racionalice, deje pasar el tiempo ante un problema y unas conductas que no tienen justificación NUNCA, EN NINGÚN CASO.

lunes, 10 de septiembre de 2012

"La vulnerabilidad emocional y la sorpresa del paciente" (Publicado en "Voces de Cuenca" el 10-9-2012)

La vulnerabilidad emocional y la sorpresa del paciente. Fco. Javier Sánchez Martínez Es bastante más usual de lo que en principio podría pensarse, encontrar al paciente sorprendido cuando se le dice durante la terapia que “es vulnerable a nivel emocional”. Evidentemente algo “tan indeterminado” como esta afirmación, debemos puntualizarlo en los aspectos, áreas o circunstancias concretas que acompañan y rodean al paciente. Usted puede ser “vulnerable” a nivel emocional (es fácil hacerle daño, es una persona fácil de de manipular o chantajear, sucumbe con mayor probabilidad ante un suceso negativo o inesperado, se bloquea ante reacciones sorpresa de los demás, es incapaz de enfrentarse a situaciones límite, etc), pero puede ser una persona tremendamente competente en su profesión, a la hora de tomar decisiones como líder de un grupo, o a la hora de “poner límites y normas” a su hijo. Por eso hemos de especificar que es algo concreto, de un área determinada que hay que trabajar, porque si no, acabará afectándole a largo plazo, a las otras áreas de su vida. Las reacciones suelen ser diversas: - Llanto frecuente por sensación de debilidad. - Percepción de “no ser capaz” de enfrentarse a dicha situación que se percibe con “indefensión y desesperanza” terrible. - Realizar la/s pregunta/s en voz alta: ¿Cómo me puede pasar esto a mi si yo antes era fuerte y sabía manejar y enfrentarme a todas estas situaciones?, ¿Qué me ocurre ahora?, ¿Qué ha cambiado?. Frente a estas reacciones solemos utilizar con el paciente las técnicas de reestructuración cognitiva: - No asociar vulnerabilidad en cualquier área a debilidad: “Todos necesitamos ayuda alguna vez en nuestra vida, sin que eso significa ser débil, sino simplemente ser “humanos”. - “Despertar” las estrategias de afrontamiento “dormidas” del paciente, que si ha sido capaz de enfrentarse en otros momentos de su vida a situaciones incluso más difíciles que las que atraviesa ahora. Incrementar su sensación interna de control de la situación. - Fomentar la autoestima positiva y adecuada. La inteligencia emocional es algo básico que solemos también trabajar con el paciente. Recuerdo variedad de casos en los que las adolescentes acuden agobiadas a la consulta preguntándome: ¿Pero qué voy a hacer si me he enamorado de él?. Hablo de relaciones de pareja mal sanas, patológicas en las que por ejemplo se confunde el control ejercido por el otro como una muestra de amor. ¿Qué tiene que ver una cosa con la otra? (pregunto). Hablo de situaciones en las que una persona próxima se está “aprovechando” de nuestra cercanía para exigirnos, demandarnos y obligarnos a sucumbir a sus deseos. Con los adolescentes suelo trabajar aquello del “amor inteligente” (libro por cierto excelente de Enrique Rojas). Enamorarse es maravilloso, pero hay que dar un paso más: ¿enamorarse lo justifica todo? ¿puedo enamorarme de una persona que me hace daño?, si lo hago en principio ¿puedo replantearme la utilidad o beneficio que me está aportando dicha relación o me dejo llevar sólo por mis emociones y continúo adelante? Quizás debería impartirse una asignatura de “educación emocional” en las aulas ¿No creen?. En alguna ocasión he comentado que el maestro “Freud” afirmaba que las emociones se imponen a la razón y pregunto: ¿Debemos dejar que esto ocurra siempre? Pienso que no. Hemos de dar un paso más y aprender a manejarnos emocionalmente con estrategias útiles que nos permitan dar prioridad a nuestra salud psicológica.

lunes, 3 de septiembre de 2012

"El pasado importa, pero no tanto" (Publicado en "Voces de Cuenca" el 3-9-2012)

03/09/2012 El pasado importa, pero no tanto El artículo de nuestro psicólogo desmonta la creencia irracional de que “todo aquello que nos ha pasado con anterioridad, es determinante para nuestra vida futura, y nos afectará de manera indefinida”. Por F.J. Sánchez Con bastante frecuencia, cuando en consulta realizamos la entrevista de evaluación psicológica inicial, y llegamos al punto “historia de vida”, nos encontramos con sucesos importantes ocurridos al paciente. Sucesos tremendamente dolorosos, que han creado en la persona una forma distinta de entender la vida, le han ayudado a madurar o que no consiguen apartar de su mente. Estoy hablando de abusos sexuales, desengaños amorosos, despidos laborales tras muchos años en la misma empresa, desarraigo familiar, imposibilidad de tener hijos propios, acoso laboral, bullying, etc. La forma de los pacientes de enfrentarse a estos acontecimientos varía, lógicamente en cada caso: - Hay pacientes que se resisten a “pasar página” y se regodean continuamente en esos acontecimientos, ciertamente traumáticos en muchos casos. Se siguen preguntado ¿por qué a ellos? - Hay pacientes que tras un desahogo emocional, escuchándose a ellos mismos disminuyen su nivel de ansiedad frente al acontecimiento o evento tan significativo. - También aquellos que insisten en buscar la causa de sus problemas actuales: ¿tienen que ver con lo que me aconteció en el pasado? - Y finalmente pacientes que aunque han aceptado todo lo ocurrido, no acaban de desligarse de aquello que les ocurrió en un momento determinado de su vida. La creencia irracional que subyace a todas estas cuestiones suele ser que “todo aquello que nos ha pasado con anterioridad, es determinante para nuestra vida futura, y nos afectará de manera indefinida”. Nada más alejado de la realidad. Es cierto que los eventos que nos suceden nos afectan en nuestra forma de ver el mundo, en nuestras relaciones con los demás, a la hora de utilizar determinadas estrategias de afrontamiento (“coping”) con la finalidad de protegernos frente a lo que nos hace daño, a la hora de madurar a nivel personal, social, familiar, afectivo, cognitivo, PERO no tienen porque hacer de nosotros una persona “marcada” de por vida y condenadas a una infelicidad eterna. Cuando el paciente nos relata en consulta todo lo que le ha ocurrido, es tarea del profesional, situar los acontecimientos en el lugar que les corresponde, valorarlos en su “justa medida” y desmontar la idea de “la desgracia absoluta que debe presidir el resto de su vida”. “Usted no es un bicho raro, marcado de por vida, al que la desgracia acompañará el resto de sus días”. Lejos de regocijarnos en lo negativo (que es mucho) de acontecimientos traumáticos, el último paso consistiría en extraer “lo positivo” (que entiendo siempre lo hay) de esos acontecimientos tan “terribles”, para poner sobre la mesa, aquello que nos ha “aportado”, aquello que hemos aprendido, aquello en lo que nos ha fortalecido y nos ha permitido madurar y avanzar en el resto de áreas de nuestra vida y en aquello que nos ha permitido tomar conciencia de recursos y capacidades que el paciente pensaba que “no tenía” (¿Cuántas veces ha pensado?: si me ocurriera a mí lo que lo pasó a X, yo no lo soportaría. Comprobando después y tras analizar su vida que ha pasado en más de una ocasión por situaciones más complicadas y que por supuesto ha sido capaz de “salir adelante). Si “todas las personas a las que les ocurren determinados acontecimientos tuvieran ya un camino predeterminado de antemano, supondríamos que nuestra felicidad, sus expectativas, nuestra forma de ver el mundo DEPENDERÍA DE LOS ACONTECIMIENTOS EXTERNOS, y ante un mismo suceso todos estaríamos “condenados” a pasar por los “mismos lugares, etapas o momentos”, algo que es totalmente incierto. En algunas ocasiones comento a los pacientes que me hubiera gustado grabarles en una cámara para comprobar su primera entrevista en consulta, y la última, una vez finalizada la terapia.Ocurre que en la mayor parte de los casos, las situaciones que rodean a estas personas, NO HA CAMBIADO, pero su forma de PERCIBIR, INTERPRETAR Y EVALUAR aquello que le rodea sí. Luego entonces la clave vuelve a encontrarse en nuestros procesos mentales, en “nuestra forma de percibir la realidad”, en nuestras “cogniciones” que son las responsables de la mayoría de nuestras conductas y emociones. El objetivo no es transformar lo negativo que le ha ocurrido al paciente en algo positivo, pero si ser más realista y objetivo a la hora de poner límites “cualitativos” a aquello que le ha ocurrido. No se deje avasallar por su pasado, no sea víctima del mismo. Avance, prepare un plan de acción, no se queje, “actúe” y tendrá sensación de controlar de su vida frente a los acontecimientos externos que puedan ocurrirle.