lunes, 17 de septiembre de 2012

"El maltrato psicológico enmascarado" (Publicado en "Voces de Cuenca" el 17-9-2012)

17/09/2012 - PSICOLOGÍA El maltrato psicológico enmascarado Quizás usted no hace todo lo que le gustaría en su vida (aún teniendo pareja), quizás usted se encuentra en un mundo previsible en el que la cautela debe presidir su vida y en la que no puede salirse de los parámetros marcados por "el otro" Por Francisco Javier Sánchez (Psicólogo) Según mi experiencia el maltrato psicológico en la pareja, se haya instaurado de múltiples formas. Con diferentes expresiones y de maneras distintas, me encuentro con parejas aparentemente “normalizadas” que, desgraciadamente, poco o nada suelen hacer para solucionar ese problema, que, de no “tratarse”, probablemente se convierta en un gravísimo y duro acontecimiento día tras día, del que costará salir muchísimo a la mujer maltratada. ¿A qué otras formas de maltrato psicológico “no oficiales”, “de libro”, me refiero y que suponen encontrarnos ante una relación de maltrato, poder o subordinación de ella ante él?: - Cuando ella debe pedirle permiso para saludar a un amigo al que la pareja ha visto en algún lugar. - Cuando ella no puede agregar sin el permiso de su pareja a nadie que él no conozca o no quiera que agregue (porque no le cae bien o porque supuestamente supone una amenaza para la relación). - Cuando ella no puede tomar un café con un amigo reciente o antiguo y él monta en cólera y se lo prohíbe o le chantajea con irse de casa (como adolescente inmaduro, carente de autoestima). - Cuando él jamás le deja salir con sus amigas, asistir a una cena, una despedida de soltera, ir a un concierto o estar una semana en casa de sus familiares. Nos encontramos más de lo mismo. - Cuando ella mira a otra persona y él se enfada terriblemente, porque, percibe que es una falta de respeto hacia él ( cuando realmente se trata de un problema de autoestima, que sólo él tiene). - Cuando él maneja el dinero de la casa y ella tiene que rendirle cuentas ante cada compra. - Cuando él se escuda en “todo lo que quiere a su mujer” para imponer sus normas y tenerla oprimida, reprimida, aislada del mundo o relacionada con el mismo en la medida que él considera oportuno. - Cuando él le controla las llamadas, los gastos y justifica que al trabajar está haciendo “todo lo que puede y más por la familia”. - Cuando él le prohíbe a ella ponerse determinada ropa porque considera que es una provocación. - Cuando encubre todas estas conductas con la justificación de que “ella le preocupa terriblemente y que la quiere con locura”. - Cuando la chantajea diciéndole que “si le quisiera de verdad” no le apetecería irse por ahí sin él. Cada una de estas formas de “privación de libertad” que él ejerce sobre ella, son como pequeños obstáculos que van oprimiendo, asfixiando a la pareja, que acaba por: - Intentar no decir o hacer nada que pueda molestar a su pareja. - Evitar discusiones para que él se encuentre tranquilo. - Mentirle. - Ocultarle información. - Resignarse y racionalizar la idea de que: “ningún hombre es perfecto y algo tiene que tener que no me guste” Vivir en definitiva una relación patológica en la que “no quiere al otro de la manera adecuada”. Se trata por tanto , de “sobrellevar” la situación para sufrir lo menos posible, algo que realmente me parece terrible. ¿Sufrir lo menos posible (evitando disputas) o ser lo más feliz y con la mayor intensidad que se pueda? Elijan ustedes. Si el lector mira a su alrededor, probablemente conozca a más de una pareja a la que le ocurre alguno de los puntos citados. Dichos puntos son como pequeñas bombas colocadas en lugares estratégicos que acaban finalmente por destruir la pareja o mantenerla “patológicamente”. Se hace mucho hincapié desde las instituciones para que se denuncie cualquier tipo de maltrato. Personalmente estoy de acuerdo con ello, pero también creo que no se puede alentar dicha conducta en la mujer, si luego ésta no goza de la suficiente garantía de protección frente a su pareja. Me refiero a una protección desde todas las áreas (económicas, sociales, legales, físicas). Muchas mujeres me han dicho llorando en la consulta que después de denunciar se han encontrado indefensas, desamparadas, que una cosa es lo que los políticos venden y otra los recursos reales sociales, económicos , institucionales, de protección con los que se encuentran. No lo digo yo, me lo cuentan las propias víctimas. Cuidado con estas “formas no oficiales” de maltrato. Quizás usted no hace todo lo que le gustaría en su vida (aún teniendo pareja), quizás usted se encuentra en un mundo previsible en el que la cautela debe presidir su vida y en la que no puede salirse de los parámetros marcados por “el otro”. Quizás usted evite, evite y evite para no molestar a su pareja. Dos personas se quieren plenamente cuando deciden compartir muchas cosas, estar juntas, pero también gozar de un determinado grado de libertad, espacio propio que cultive sus relaciones sociales, autoestima, actividades, hobbies, pensamientos, emociones, etc. Entonces quizás usted esté siendo víctima de un maltrato elegantemente disfrazado de amor. No lo permita, ponga en marcha un plan de acción y enfréntese como hemos dicho en múltiples ocasiones a lo que le ocurre. No justifique, racionalice, deje pasar el tiempo ante un problema y unas conductas que no tienen justificación NUNCA, EN NINGÚN CASO.

lunes, 10 de septiembre de 2012

"La vulnerabilidad emocional y la sorpresa del paciente" (Publicado en "Voces de Cuenca" el 10-9-2012)

La vulnerabilidad emocional y la sorpresa del paciente. Fco. Javier Sánchez Martínez Es bastante más usual de lo que en principio podría pensarse, encontrar al paciente sorprendido cuando se le dice durante la terapia que “es vulnerable a nivel emocional”. Evidentemente algo “tan indeterminado” como esta afirmación, debemos puntualizarlo en los aspectos, áreas o circunstancias concretas que acompañan y rodean al paciente. Usted puede ser “vulnerable” a nivel emocional (es fácil hacerle daño, es una persona fácil de de manipular o chantajear, sucumbe con mayor probabilidad ante un suceso negativo o inesperado, se bloquea ante reacciones sorpresa de los demás, es incapaz de enfrentarse a situaciones límite, etc), pero puede ser una persona tremendamente competente en su profesión, a la hora de tomar decisiones como líder de un grupo, o a la hora de “poner límites y normas” a su hijo. Por eso hemos de especificar que es algo concreto, de un área determinada que hay que trabajar, porque si no, acabará afectándole a largo plazo, a las otras áreas de su vida. Las reacciones suelen ser diversas: - Llanto frecuente por sensación de debilidad. - Percepción de “no ser capaz” de enfrentarse a dicha situación que se percibe con “indefensión y desesperanza” terrible. - Realizar la/s pregunta/s en voz alta: ¿Cómo me puede pasar esto a mi si yo antes era fuerte y sabía manejar y enfrentarme a todas estas situaciones?, ¿Qué me ocurre ahora?, ¿Qué ha cambiado?. Frente a estas reacciones solemos utilizar con el paciente las técnicas de reestructuración cognitiva: - No asociar vulnerabilidad en cualquier área a debilidad: “Todos necesitamos ayuda alguna vez en nuestra vida, sin que eso significa ser débil, sino simplemente ser “humanos”. - “Despertar” las estrategias de afrontamiento “dormidas” del paciente, que si ha sido capaz de enfrentarse en otros momentos de su vida a situaciones incluso más difíciles que las que atraviesa ahora. Incrementar su sensación interna de control de la situación. - Fomentar la autoestima positiva y adecuada. La inteligencia emocional es algo básico que solemos también trabajar con el paciente. Recuerdo variedad de casos en los que las adolescentes acuden agobiadas a la consulta preguntándome: ¿Pero qué voy a hacer si me he enamorado de él?. Hablo de relaciones de pareja mal sanas, patológicas en las que por ejemplo se confunde el control ejercido por el otro como una muestra de amor. ¿Qué tiene que ver una cosa con la otra? (pregunto). Hablo de situaciones en las que una persona próxima se está “aprovechando” de nuestra cercanía para exigirnos, demandarnos y obligarnos a sucumbir a sus deseos. Con los adolescentes suelo trabajar aquello del “amor inteligente” (libro por cierto excelente de Enrique Rojas). Enamorarse es maravilloso, pero hay que dar un paso más: ¿enamorarse lo justifica todo? ¿puedo enamorarme de una persona que me hace daño?, si lo hago en principio ¿puedo replantearme la utilidad o beneficio que me está aportando dicha relación o me dejo llevar sólo por mis emociones y continúo adelante? Quizás debería impartirse una asignatura de “educación emocional” en las aulas ¿No creen?. En alguna ocasión he comentado que el maestro “Freud” afirmaba que las emociones se imponen a la razón y pregunto: ¿Debemos dejar que esto ocurra siempre? Pienso que no. Hemos de dar un paso más y aprender a manejarnos emocionalmente con estrategias útiles que nos permitan dar prioridad a nuestra salud psicológica.

lunes, 3 de septiembre de 2012

"El pasado importa, pero no tanto" (Publicado en "Voces de Cuenca" el 3-9-2012)

03/09/2012 El pasado importa, pero no tanto El artículo de nuestro psicólogo desmonta la creencia irracional de que “todo aquello que nos ha pasado con anterioridad, es determinante para nuestra vida futura, y nos afectará de manera indefinida”. Por F.J. Sánchez Con bastante frecuencia, cuando en consulta realizamos la entrevista de evaluación psicológica inicial, y llegamos al punto “historia de vida”, nos encontramos con sucesos importantes ocurridos al paciente. Sucesos tremendamente dolorosos, que han creado en la persona una forma distinta de entender la vida, le han ayudado a madurar o que no consiguen apartar de su mente. Estoy hablando de abusos sexuales, desengaños amorosos, despidos laborales tras muchos años en la misma empresa, desarraigo familiar, imposibilidad de tener hijos propios, acoso laboral, bullying, etc. La forma de los pacientes de enfrentarse a estos acontecimientos varía, lógicamente en cada caso: - Hay pacientes que se resisten a “pasar página” y se regodean continuamente en esos acontecimientos, ciertamente traumáticos en muchos casos. Se siguen preguntado ¿por qué a ellos? - Hay pacientes que tras un desahogo emocional, escuchándose a ellos mismos disminuyen su nivel de ansiedad frente al acontecimiento o evento tan significativo. - También aquellos que insisten en buscar la causa de sus problemas actuales: ¿tienen que ver con lo que me aconteció en el pasado? - Y finalmente pacientes que aunque han aceptado todo lo ocurrido, no acaban de desligarse de aquello que les ocurrió en un momento determinado de su vida. La creencia irracional que subyace a todas estas cuestiones suele ser que “todo aquello que nos ha pasado con anterioridad, es determinante para nuestra vida futura, y nos afectará de manera indefinida”. Nada más alejado de la realidad. Es cierto que los eventos que nos suceden nos afectan en nuestra forma de ver el mundo, en nuestras relaciones con los demás, a la hora de utilizar determinadas estrategias de afrontamiento (“coping”) con la finalidad de protegernos frente a lo que nos hace daño, a la hora de madurar a nivel personal, social, familiar, afectivo, cognitivo, PERO no tienen porque hacer de nosotros una persona “marcada” de por vida y condenadas a una infelicidad eterna. Cuando el paciente nos relata en consulta todo lo que le ha ocurrido, es tarea del profesional, situar los acontecimientos en el lugar que les corresponde, valorarlos en su “justa medida” y desmontar la idea de “la desgracia absoluta que debe presidir el resto de su vida”. “Usted no es un bicho raro, marcado de por vida, al que la desgracia acompañará el resto de sus días”. Lejos de regocijarnos en lo negativo (que es mucho) de acontecimientos traumáticos, el último paso consistiría en extraer “lo positivo” (que entiendo siempre lo hay) de esos acontecimientos tan “terribles”, para poner sobre la mesa, aquello que nos ha “aportado”, aquello que hemos aprendido, aquello en lo que nos ha fortalecido y nos ha permitido madurar y avanzar en el resto de áreas de nuestra vida y en aquello que nos ha permitido tomar conciencia de recursos y capacidades que el paciente pensaba que “no tenía” (¿Cuántas veces ha pensado?: si me ocurriera a mí lo que lo pasó a X, yo no lo soportaría. Comprobando después y tras analizar su vida que ha pasado en más de una ocasión por situaciones más complicadas y que por supuesto ha sido capaz de “salir adelante). Si “todas las personas a las que les ocurren determinados acontecimientos tuvieran ya un camino predeterminado de antemano, supondríamos que nuestra felicidad, sus expectativas, nuestra forma de ver el mundo DEPENDERÍA DE LOS ACONTECIMIENTOS EXTERNOS, y ante un mismo suceso todos estaríamos “condenados” a pasar por los “mismos lugares, etapas o momentos”, algo que es totalmente incierto. En algunas ocasiones comento a los pacientes que me hubiera gustado grabarles en una cámara para comprobar su primera entrevista en consulta, y la última, una vez finalizada la terapia.Ocurre que en la mayor parte de los casos, las situaciones que rodean a estas personas, NO HA CAMBIADO, pero su forma de PERCIBIR, INTERPRETAR Y EVALUAR aquello que le rodea sí. Luego entonces la clave vuelve a encontrarse en nuestros procesos mentales, en “nuestra forma de percibir la realidad”, en nuestras “cogniciones” que son las responsables de la mayoría de nuestras conductas y emociones. El objetivo no es transformar lo negativo que le ha ocurrido al paciente en algo positivo, pero si ser más realista y objetivo a la hora de poner límites “cualitativos” a aquello que le ha ocurrido. No se deje avasallar por su pasado, no sea víctima del mismo. Avance, prepare un plan de acción, no se queje, “actúe” y tendrá sensación de controlar de su vida frente a los acontecimientos externos que puedan ocurrirle.

lunes, 27 de agosto de 2012

"Cuando el otro pide tiempo o espacio" (Publicado en "Voces de Cuenca" el 27-8-12)

¿Qué podemos hacer los profesionales ante esta situación que se nos plantea? Generalmente “el otro” suele agobiarse bastante con esta petición, porque lo más frecuente es pensar que esta solicitud es “tan sólo una excusa para alejarse definitivamente”. Es cierto, y así me lo he encontrado en muchas ocasiones, que suele ser debido a que la otra persona no puede, no sabe o no quiere por propio egoísmo enfrentarse de manera directa al problema y pone parches de este tipo, pero en otras muchas, el otro “ necesita” realmente este espacio o tiempo para poder “respirar” alejado de la situación tan complicada que vive la pareja. Mi experiencia profesional me dice que lo más sano y lo que suelo recomendar de manera general (aunque luego hay que analizar cada caso concreto) es dar al otro ese espacio o tiempo que solicita, aspecto éste que suele costar mucho asumir a aquel al que se lo piden, dado que sus pensamientos frecuentes, irracionales y distorsionados suelen ser: “Si le doy ese espacio, se alejará definitivamente”, “debo demostrarle ahora más que nunca que le quiero que me importa y no le voy a dejar ir”, “si estoy muy pendiente de él/ella, no nos separaremos”. Estos pensamientos no son objetivos porque he comprobado de manera clara y contundente que no por estar más cerca o pendiente del otro aseguramos su vuelta a la relación y que el hecho de darle el espacio tampoco producirá en el otro el olvido mágico de todo lo compartido en común. Si a usted le hacen esta petición, si el otro le pide y le dice que necesita pensar, aclarar ideas, ver las cosas objetivamente, saber qué es lo que quiere, DÉJELE SU LIBRE ELECCIÓN. Atosigarle con correos electrónicos, llamadas, regalos esporádicos (que por cierto llevaba tiempo sin hacerle), viajes sorpresa no le asegurará que regrese. Las crisis en las parejas son algo “nada extraño” tras un tiempo de vida en común. Lo positivo es que a suelen reforzar, fortalecer y madurar el compromiso de ambos para seguir juntos en ese camino que nunca se sabe qué final tendrá . Dejar al otro que inicie un camino en solitario para que descubra si debe o no debe continuar en el mismo es una decisión personal frente a la que no se puede presionarle, es más las presiones al otro suelen producir “efectos rebote” en muchas ocasiones porque no hay lugar para distanciarse de la situación y poder analizarla de manera objetiva. Quizás el otro necesite extrañarle para darse cuenta de lo mucho que le quiere, quizás el otro tenga que comprobar por él/ella mismo/a que su relación merece la pena, o quizás tenga que desestabilizarse puntualmente para volver al reequilibrio inicial después de haber caminado solo durante un período de tiempo. ¿Por qué nos empeñamos en decir al otro lo que debe hacer? ¿Por qué insistimos en tenerle a nuestro lado si a lo mejor decide no hacerlo? ¿Por qué no le dejamos respirar si lo necesita?. Aunque a corto plazo exista o se produzca el desaliento normal a largo plazo solemos agradecer la sinceridad y el que no nos hayan hecho más daño. En multitud de ocasiones también me he encontrado que es el propio miedo a la nueva situación que pueda surgir la que bloquea, amarga y paraliza al que es “abandonado”. Cuidado una vez más con los chantajes emocionales:”si me quieres volverás”, “tan sólo quieres volar para regresar cuando te venga en gana”, etc. No entrar al trapo, no justificarse indefinidamente (información gratuita), son algunos pequeños consejos que suelo dar a mis pacientes que “deben” pensar en lo que les hará encontrarse mejor, pero siempre respetando y cuidando todo lo acumulado con el otro en todas las áreas de su vida.

lunes, 20 de agosto de 2012

¿Qué es el efecto halo? (Publicado en "Voces de Cuenca" el 20-8-12)

Por Francisco Javier Sánchez (Psicólogo) Hemos encontrado muchas definiciones del llamado “efecto halo”, algunas excesivamente técnicas y complicadas y otras más accesibles y entendibles. El efecto halo, se refiere a “cómo la evaluación que hacemos de una persona está influenciada por juicios previos, de los que a veces ni siquiera tenemos noticia (Blog: psicología.com)”. Hablamos de un “prejuicio valorativo” que nos lleva a focalizar la atención en aquellos rasgos que hemos considerado importantes o destacables de esa persona. Incluso sabemos que estas creencias son “difíciles de modificar”, aunque se nos presenten evidencias contrarias a ese primer juicio realizado. Este efecto se haya implicado en la Teoría de la personalidad implícita de Kelly,s donde se vuelve a reafirmar que “los primeros rasgos que conocemos en los demás influyen en nuestras percepciones de posteriores interpretaciones a causa de nuestras EXPECTATIVAS”. Es decir, si estamos convencidos de que una persona tiene determinadas cualidades o características, no haremos sino confirmar nuestras “creencias sesgadas” en cada gesto, palabra o expresión que dicha persona utilice o haga. Curioso el poder “manipulador” de nuestra mente. ¿No creen? . Ocurre así que este efecto se utiliza mucho en publicidad (“personas famosas y bellas”), por ejemplo: solemos considerar que una persona por el mero hecho de ser atractiva es además: inteligente, buena y deseable, y al revés, atribuimos a personas “feas”, el ser malas, peligrosas y poco deseables. En los Departamentos de Recursos Humanos conocen bien, o deben conocer bien este efecto: Cuando en una entrevista de trabajo, el entrevistador nota un rasgo positivo en el entrevistado, suele prestar menos atención a sus aspectos negativos, por lo que su evaluación no sería objetiva, sino distorsionada y sesgada. La información consultada nos habla del estudio realizado por Nisbett y Willson: Se les presentaba a un grupo el mismo video de un profesor pero comportándose de manera diferente en cada uno de ellos. En uno se presentaba como una persona amable y tranquila y en otro como autoritario. El primer grupo sólo vio en su evaluación al personaje bueno y el segundo al personaje malo. Se les pidió además que evaluasen el atractivo físico del profesor y resultó que el grupo que vio el video del “buen profesor” lo calificó como más atractivo y encantador que el grupo que vio el video del “profesor malo”. Es decir: “evaluamos enfocando la atención a una sola característica, formando así “un halo” que rodea y afecta la consideración y evaluación de otras características”. “Sabemos por tanto muy poco de aquello que influencia nuestra evaluación de las personas y del mundo. Creemos hacer juicios objetivos y nos cuesta además cambiar mucho nuestra manera de pensar”. A nivel terapéutico el profesional está obligado desde mi punto de vista a controlar este efecto por el bien del proceso de recuperación del paciente, por la necesidad de ser objetivo a la hora de evaluar y aplicar un plan de acción en dicho proceso y sobre todo para impedir que la alianza terapéutica entre profesional y paciente sea lo más sana, realista y efectiva posible. La alianza terapéutica puede verse resentida al atribuir al paciente cualidades que más adelante nos puede desmentir el propio proceso y que hemos dado por supuestas, pudiéndonos llevar, repito, a trabajar en la dirección equivocada o poniendo en marcha estrategias poco funcionales para obtener el éxito. Nuestra tarea no es juzgar a los pacientes ni atribuirle por tanto cualidades que no poseen, sino la de “ partir de las herramientas que el propio paciente posee, para avanzar en el proceso de mejora, haciéndole consciente de su control sobre la situación o problema que tiene”. Las distorsiones entendidas como interpretaciones subjetivas no facilitan por tanto, el trabajo “co-terapéutico” profesional-paciente. Lejos de ayudar, suponen trabas y suposiciones que nos pueden dirigir hacia el camino equivocado. Mi pregunta es: ¿Podemos ser objetivos alguna vez a la hora de juzgar a los demás? Es una reflexión que dejo abierta al lector. ¿Qué opina?. Fuentes de referencia citadas: - Wikipedia. - Psicología.com - ChicaSEO. Negocios, SEO y Redes sociales.

lunes, 13 de agosto de 2012

"ENTONCES ME PUEDO LLAMAR DIOS?" (Publicado en "Voces de Cuenca el" 13-8-12)

La autoestima se convirtió una vez más en el eje central del tratamiento y una vez más había sido reforzada y puesta en práctica por el paciente. Por Fco. Javier Sánchez Con esta “original frase” me sorprendía un inteligente paciente después de haber realizado tres cuartas partes de las sesiones totales que teníamos pendientes. Recuerdo perfectamente las primeras sesiones, en las que identificamos un nivel de autoestima inadecuado, y un proceso largo en el que el paciente comenzó a “poner en orden” su vida, después de pasar una racha tremendamente negativa que le había afectado a prácticamente casi todos los ámbitos cercanos, pero fundamentalmente a nivel académico y familiar. Tras el trabajo terapéutico encomiable del paciente, con una actitud muy positiva y un grado de sinceridad elevado desde el principio, estabilizó dichas áreas y comenzó a obtener resultados positivos. Nuestro protagonista de hoy, comenzó gradualmente a aceptarse y aceptar todo aquello que le había ocurrido a lo largo de su historia vital (lo cual no es sinónimo de que le gustase), dejó de “machacarse” a nivel personal y comenzó a vislumbrar luz al final del dichoso túnel que le había tenido paralizado durante varios años.Cuando dijo esta frase en consulta con una naturalidad “pasmosa”, siguió contándome sus argumentos de los motivos por los que se encontraba mejor. Yo me detuve en esa frase: “¿Entonces ya me puedo llamar Dios? , en la que aludía a que había descubierto al fin, que podía hacer lo que quisiera con su vida porque ahora percibía que tenía el manejo de la misma. Como él mismo me decía, había estabilizado su vida en tres áreas fundamentales para él y lo que era más importante, había adquirido un potencial psicológico tan elevado que tenía la sensación de “poder comerse el mundo”. Era creyente, aunque no practicante y su actitud era más bien pasiva al respecto, aunque repito, creía en Dios, con lo cual la frase adquiría más importancia todavía, dado el valor que otorgaba a un ser superior y a las sensaciones semejantes que percibía de control de su propia vida y la fuerza que transmitía en cada una de sus frases y comportamientos. Esta sensación de control que tenía la había conseguido con su esfuerzo, aprendiendo a gestionar emociones, a identificar pensamientos irracionales, poniendo nombre y apellidos a todo aquello que le había ocurrido en el pasado y sobre todo enfrentándose de una vez por todas a todo aquello que temía. La autoestima se convirtió una vez más en el eje central del tratamiento y una vez más había sido reforzada y puesta en práctica por el paciente. El paciente comprobó que todo lo que le había ocurrido, las situaciones externas habían sido desencadenantes de todas las emociones que llevaba a la espalda, emociones cuya causa fundamental había sido provocada por la forma de “percibir e interpretar los acontecimientos que le habían ocurrido de manera distorsionada e irracional”. Gracias por dejarme aprender de ti.

lunes, 6 de agosto de 2012

"Las otras 10 ideas irracionales" (Publicado en "Voces de Cuenca" el 6-8-2012)

“Las otras 10 ideas irracionales” Francisco Javier Sánchez Martínez. Psicólogo. Recordará el lector un artículo publicado allá por el mes de Abril de este mismo año, en el que hablábamos de las ideas irracionales de Albert Ellis, proponiendo en principio un ejercicio en el que frente a dichas afirmaciones, usted debía marcarlas como verdaderas o falsas en función de las propias creencias. Leyendo el estupendo libro de Ramón Santandreu: “El arte de no amargarse la vida”, encontramos “otras diez ideas irracionales” que el autor, psicólogo, propone como “favoritas” en España en estos momentos. Se trata de creencias que el autor afirma encontrarse con más frecuencia cuando “lee los periódicos, hablar con mis amigos y trabaja con sus pacientes”. Por ello le propongo estas ideas acompañadas de mis reflexiones personales, cuestionando la veracidad de las mismas. Me he sentido plenamente identificado con las mismas a nivel profesional, por lo que invito al lector que vuelva a plantearse si para él/ella son verdaderas o falsas, sabiendo esta vez de antemano que todas ellas son falsas, y que no son “necesarias” para alcanzar la felicidad: 1. Necesito tener a mi lado a alguien que me ame; de lo contrario, ¡ qué vida más triste!. - Esta creencia es muy semejante a la que nos proponía Albert Ellis en los años 50. Es una necesidad “no necesaria” que se vive de manera catastrófica y terrible. Personalmente me encuentro muchos casos en consulta especialmente obsesionados con la idea de “quedarse sin compañía”, en una soledad horrorosa, mientras los demás siguen con su vida en marcha. 2. Tengo que ser alguien en la vida, aprovechar bien mis cualidades y virtudes. De lo contrario, me sentiría fracasado. - Pregunto al lector: ¿El no conseguir determinados objetivos significa que usted sea un fracasado?, ¿Tiene usted derecho a “pasar” un período de su vida poco fructífero?. ¿Usted es de aquellas personas que no ha conseguido nada en la vida?. Sencillamente, no es posible. Permítase el no ser perfecto. 3. No puedo tolerar que la gente me menosprecie en público. Debo saber responder y defender mi imagen. - Aparición de un nuevo pensamiento exigente en el que volvemos a depender más de la opinión o conductas de los demás que la nuestra propia. ¿Su valía personal depende este menosprecio? ¿Puede mirarle alguien de arriba hacia abajo si usted no le mira desde abajo hacia arriba? Evidentemente no. No dependa de lo externo, de las conductas de los demás, será más vulnerable y será más fácil hacerle daño. 4. Debo tener un piso en propiedad. De lo contrario, soy un maldito fracasado muerto de hambre. - Lejos de entrar en discusiones políticas, esta creencia se ha mantenido durante mucho tiempo y continúa en la actualidad haciendo “daño” a muchas personas. Actualmente sabemos que es cuestionable hasta qué punto es rentable tener un piso en propiedad, pero hemos tocado fondo con esta creencia y tener un piso ha acabado siendo una obligación para “ser alguien pudiente y con una situación holgada a nivel económico”. Se trata una vez más de una creencia exigente, que poco o nada tiene que ver con la realidad. 5. Tener buena salud es fundamental para ser feliz. Y lo más deseable es vivir mucho tiempo; cuanto más, mejor: ¡incluso cien años o más!. - Repito que cada una de estas afirmaciones serían deseos de todos nosotros que nos ayudarían a encontrarnos mejor, pero nunca, aspectos necesarios para ser felices. Se trata de necesidades creadas, lo cual nos genera un malestar muy intenso si no las tenemos. ¿Usted puede ser feliz aunque tenga una enfermedad crónica?. ¿Usted “necesita” para ser feliz encontrarse bien de salud al 100%? Si usted se resiste a creer esta afirmación, estará pensando “irracionalmente”. 6. Tengo que ayudar a mis familiares: padres, abuelos, hijos… Mi ayuda es fundamental para su felicidad. - En estos tiempos de crisis terrible, he comentado en alguna ocasión que afortunadamente en España, sigue manteniéndose el concepto de familia, y este bloque conjunto está enfrentándose de manera más solidaria a la situación que vivimos. La ayuda o el apoyo está resultando fundamental entre los miembros de una misma familia. Sin embargo, esta creencia señalada en el punto que nos ocupa no se refiere a este aspecto. Nos referimos a la obligatoriedad del “tengo que”. Cuidado con adoptar el rol de “salvador obligado” frente a las personas cercanas, cuidado con creernos imprescindibles para la felicidad de los otros y cuidado con la dependencia emocional que podemos generar en los otros. Usted tiene derecho a ayudar a sus seres queridos o a no hacerlo, no se lo imponga como algo incuestionable. 7. Si mi pareja me pone los cuernos, no puedo continuar con esa relación. La infidelidad es una cosa terrible que te destroza por dentro. - Pensamiento catastrófico. Evidentemente a nadie nos gusta “ser engañado por el otro”. Pero la diferencia cualitativa se encuentra una vez más en que se trate de algo duro, difícil, complicado de afrontar o algo terrible, espantoso o insoportable. 8. Tengo que tener una vida emocionante. De lo contrario, mi vida es un aburrimiento y, de alguna forma, un desperdicio. - En consulta me he encontrado desde pacientes con cierta edad que continúan siendo los “eternos adolescentes” fruto de una inmadurez estancada (“madurar implica renunciar a cosas”), hasta aquellas personas que pretenden que su vida sea una línea creciente en progresión geométrica a nivel de emociones, aventuras, intensidad continua, etc. Sabemos que por ejemplo las relaciones de pareja pasan por diferentes etapas, con diferentes momentos de intensidad, lo cual no significa que la relación sea menos positiva, adecuada o interesante desde el punto de vista de evolución lógica de la pareja. ¿si usted se aburre con su pareja, significa que su vida ya no es tan emocionante o intensa como antes? Permítame que lo dude. Quizás se encuentra en otro momento de su relación en el que precisamente necesita aburrirse para poner en marcha un plan de acción, valorando otras variables que hasta ahora no había considerado. 9. Más siempre es mejor. El progreso siempre es bueno y consiste en tener más cosas, más oportunidades, más inteligencia…; esto es obvio en el caso de desear cada vez más y más cosas buenas como paz y alegría. 10. La soledad es muy mala. Los seres humanos necesitan tener a alguien cerca porque si no, son unos desgraciados. - Enlazando con el primer punto de esta lista volvemos a comentar: personalmente a muchas personas de las que me encuentro en consulta les obsesiona esta idea, a todas luces irracional. Situación que puede resultar (en según qué etapa de nuestra vida) poco apetecible, pero nunca necesaria. Si usted tiene este pensamiento en mente, se bloqueará, probablemente se aislará a nivel social, pondrá barreras conscientes o inconscientes a la hora de conocer a personas determinadas, forzará amistades con las que no tiene nada en común, se “agarrará a cualquier relación con el único objetivo de no encontrarse solo creyendo que no soportaría dicha situación. Se trata de errores o distorsiones cognitivas que le podrán llevar a agobiarse sin motivos objetivos, solamente por “necesidad subjetiva y distorsión a la hora de enfocar su vida”. - Fuente: “El arte de no amargarse la vida”. Ramón Santandreu.